6.22.2010

Liz on Top of the World

La primera vez que la ví, Liz iba con su vespa roja por las calles iluminadas de Nueva York.
Llevaba un vestido rosa palo a juego con sus botines. Su ondulado pelo castaño le caía sobre los hombres resaltando sus ojos oscuros que hacían que su mirada fuese hipnotizante.
Aparcó la vespa delante de una de las pocas cafeterías que aún le podían ofrecer un chocolate caliente a esas horas. Entró por aquella puerta roja, se sentó en la mesa del fondo y amablemente pidió su consumición acompañada por una galletas. Yo, que la había seguido hasta allí, la observaba desde la barra, acompañado por el aroma de mi café solo, mientras ella de vez en cuando se dirigía a mi con una mirada curiosa.
Cuando terminó su chocolate se acercó a la barra, pagó y se fué. Yo realizé la misma acción y la seguí.
Una vez en la calle, Liz intentaba arrancar su vespa.
- ¿Te ayudo?- le pregunté.
- No. Lleva así dos días, funciona cuando le apetece.- dijo mientras se sentaba en las escaleras de la entrada de la cafetería. Yo me senté a su lado.
Liz se estremecía, su vestido era bonito, pero no abrigaba en las noches frías. Le puse mi chaqueta sobre los hombros.
- ¿Mejor así? -
- No debería dejar que un desconocido pusiera su chaqueta sobre mis hombros- me dijo con cierta ironía.
- Me llamo Joseph y soy de Los Ángeles. ¿Qué tal ahora? -
- Mejor - me dijo con una tímida sonrisa.
- Ahora es tu turno - dije.
- Liz. De Nueva York- respondió.
- La acompaño hasta su casa Señorita Liz de Nueva York, pero me tendrá que indicar el camino de vuelta. No soy de por aquí.
- Oh, se lo indicaré con gusto señor Joseph - me dijo siguiendo el juego - Pero a cambio me tienes que dejar tu chaqueta hasta mañana.-
- Sin problemas, te queda mucho mejor que a mí, pero llámame Joe-
Y así entre risas y las luces de neón, acompañé a Liz y a su inocente mirada de ojos marrones hasta su casa en medio de la noche neoyorquina.

6.17.2010

The girl & the sender III (Wait until you see my smile)

Aquella duda insaciable inundaba mis pensamientos. Mi corazón ya no sabía a quién pertenecer, si a Leah o a la chica del andén 9.
De repente alcé la vista y descubrí una silueta perdida entre la niebla que lentamente venía hacia mí.
La silueta pertenecía a una chica. Llevaba unos zapatos rojos y un vestido blanco. Era la chica del andén 9.
Esta vez fue ella la que se acercó a mí, que permanecía inmóvil, justo al revés que en nuestro primer encuentro. Según se iba acercando podía oler su perfume de vainilla. Cuando estuvo a un paso de mí cogió una de mis manos y puso un sobre en ella. Era el sobre que contenía la decimoquinta y última carta de Leah.
La abri y sin quererlo empecé a leerla en alto. Era la carta más breve que había recibido, pero sin embrago la más importante.

“Esta es la última carta que vas a recibir Adam, ya sé que las cartas eran para facilitarte mi búsqueda y que ahora mismo crees que tendrías que estar en Glasgow, pero sin embargo no te encuentras allí porque has perdido el tren por culpa de una chica de pelo rubio, vestido blanco y zapatos rojos que tu curiosidad obligó a seguir por las nevadas vías del tren hasta donde te encuentras ahora mismo con ella en frente tuya.
Bien, yo sabía que pasaría esto. Sé que no te has olvidado de mis otras cartas y que sigues pensando en mí. Lo sé porque, aunque no lo creas recibí tus respuestas a mis quince cartas. Pero sin embargo te has enamorado de ella también, algo que no me importa en absoluto.
Nunca te he dado una descripción física mía, pero creo que ha llegado el momento de hacerlo.
Tengo dieciséis años, si, tres menos que tú. Tengo unos brillantes ojos azules. Soy alta y suelo llevar un vestido blanco, sobre el que cae mi pelo rubio ondulado, acompañado por unos zapatos rojos a juego con el color de mis labios.
Adam, si de verdad me quieres, besa a la chica que tienes delante.”

Tiré la carta al suelo y por fin besé a Leah, mi chica del andén 9, que me miró con sus ojos azules esbozando una sonrisa.

6.15.2010

The girl & the sender II (Edge of desire)

No sabía que hacer, empezaba a hacer frío y no podía quedarme en ese andén esperando a que llegase el próximo tren. Tenía dos opciones: buscarla a ella o seguir caminado hasta encontrar un medio de transporte que me llevase hasta Glasgow. Sopesé y me decidí por lo segundo.
Empecé a caminar por las vías cargado con el equipaje, algo que sólo duró unos minutos. La carga era demasiado pesada así que me deshice de ella dejándola aparcada a un lado del camino, y continué andando.
Cada vez hacía más frío, tanto que empezó a nevar. No llevaba un abrigo muy adecuado para andar caminando por ahí nevando pero tenía que conformarme. Para distraerme, empecé a pensar en todo lo que había sucedido en la estación hacía ya unas cuantas horas.
Recordé la mirada inmóvil de aquella chica con cara de niña. Sus penetrantes ojos azules. Sus labios carnosos pintados de rojo carmín, haciendo juego con sus zapatos. Su pelo rubio. Miré el reloj y me dí cuenta de que llevaba algo más de cinco minutos pensando en ella. No me la podía sacar de la cabeza. Para mí era una completa desconocida, pero mi corazón parecía saber todo sobre ella. A mi corazón le gustaba, y había conseguido que a mí también. Ansiaba verla de nuevo, quería probar el sabor de sus labios contra los míos.
Cogí de mis bolsillos las misteriosas cartas que no habían cesado de llegar a mi buzón semanas atrás. Todas estaban escritas con una caligrafía impecable y firmadas con el nombre de Leah Reynolds. Todas ellas contaban historias, las historias de Leah, que deseaba enamorarse y entregar su corazón a alguien. Que había elegido que yo fuese el destinatario de esas cartas al azar. Que me había enamorado con sus palabras.
Podía seguir sus indicaciones y llegar hasta ella. O simplemente podía dejar que las palabras se consumieran en las llamas de la chimenea.
Había elegido buscarla, y ahora tenía que seguir el camino que trazaban esas vías. Ella era mi adicción y ahora no podía parar de buscar, pero tampoco podía olvidarme de los ojos azules que me miraban en la estación. Una pregunta inundó mis pensamientos.
¿Y si era Leah la chica del andén 9? No, no podía serlo.