7.14.2010

Querida Samantha:

http://www.youtube.com/watch?v=rz5F0SARWyo

Querida Samantha:
Te hecho tanto de menos.
Hecho de menos aquellas tardes que pasábamos juntos en aquel parque que nadie se encargaba de mantener. Te recuerdo a ti entre la hierba alta, y ya casi seca, con tu vestido de flores y tus bailarinas de rayas, tu pelo rubio recogido y aquellas gafas de pasta que no suelen quedar bien, pero que a ti te favorecían.
Recuerdo cuánto me gustaba contemplarte, mientras escribías cosas en tu máquina de escribir ya que no te llevabas bien con la tecnología.
Recuerdo tu moleshkine roja, llena de fotografías hechas con tu polaroid y de relatos que nunca me dejaste leer debido a tu timidez, aunque seguro que eran preciosos, como tú lo eras y lo eres para mí.
Me acuerdo de cuánto te gustaba Augustana, de cómo yo lo detestaba al principio, pero ahora no puedo dejar de escucharlo, porque me recuerda a ti, amor.
Creo que Australia y los canguros están cansados de mí y constantemente me dicen que me vaya contigo. Quiero abrazarte como antes y traerte aquí, donde parece que el tiempo se detiene, donde rompen las olas del mar que tanto te gustaban.
Ay, Samy, mi querida Samy, esta soledad me está matando.

Siempre tuyo, Adam.

7.12.2010

Algún día aquel sufrimiento la consumiría por dentro.


Llevaba su pelo rubio, a la vista saltaba que era teñido, recogido en una trenza despeinada que hacía que los mechones que quedaban sueltos le dibujasen mejor el rostro. El flequillo le caía por encima de sus brillantes ojos color azabache, resaltados aún más con lápiz de ojos del mismo olor que los mismos que se le había corrido y hacía pensar que había llorado.
Sus labios carnosos estaban ligeramente iluminados con un poco de brillo labial y su nariz terminaban de completar aquel rostro perfecto en todas sus facciones.
Sus finas manos con aquellas uñas pintadas de rojo o negro rompían todas las cosas que le hacían aparentar ser una chica dócil.
Tenía una expresión triste, pero de completa seguridad.
Seguridad de sí misma y seguridad ante los demás.
Parecía como si hubiese vivido todas las experiencias, malas y buenas, que una persona puede llegar a vivir a lo largo de su vida.
Parecía que había sufrido demasiado para poder mantenerse en pie si que se le saltaran las lágrimas. Pero ella seguía allí, sin mostrar un ápice de tristeza de cara al exterior, se lo guardaba todo dentro y seguía jugando con su pelo liso con cierto aire de superioridad sobre todo aquello que le rodeaba.
Pero algún día aquel sufrimiento la consumiría por dentro.
P.D: Lo prometido es deuda. Señoras y señores, con todos ustedes Ivette.

7.08.2010

Ivette

Caminaba por la carretera apenas iluminada y despojada de indicaciones que pudiesen indicarle a dónde tenía que ir.
Y llovía. Las nubes se habían apoderado del cielo volviéndolo todo oscuro.
Estaba empapada de los pies a la cabeza, y el agua que corría por sus mejillas simulaba ser lágrimas salidas de sus ojos. Nadie la reconocería en ese estado, con la sombra de ojos color azabache corrida y su pelo negro demasiado despeinado.
Pero a ella le daba igual, no tenía que preocuparse por ello. Desde hacía un tiempo la vida la había dejado a un lado tirada en el camino y le había robado sus sentimientos.
La vida le había robado el amor.
Por eso Ivette seguía caminando sin rumbo, acompañada por el silencio y la penumbra que le ofrecía aquel lugar.
Siguiendo las pequeñas luces que alumbraban el camino, intentando borrar los simples bocetos que anteriormente formaban su corazón.
Antes de ser destruído.

P.D: No sé si continuaré con esta historia o lo dejaré en un simple relato. Tengo demasiadas ideas en la cabeza, aunque el personaje de Ivette me encanta, ya os la presentaré mejor más adelante. Por cierto, este fin de semana me voy a mi aldea, así que no podré publicar hasta el Lunes. Buen fin de semana a todos/as.